
Todos los sábados de 1 a 2 de la tarde en RADIO ÚBEDA - CADENA SER (En el 101.5 de FM ó en www.radioubeda.net) Dirigido y presentado por Luis Foronda.
lunes, 31 de enero de 2011
Cuento donde se narra la increíble historia del caballero cruzado Furión de Curnualles y del mal despertar que tuvo un día.

miércoles, 26 de enero de 2011
Vuelan alto pajaritas de papel

“Puedo […] asegurar que, aunque parecieran unos pocos segundos… mi padre tardó noventa años en caer de la cuarta planta.”
Así acaba el breve prólogo con que se abre “El Arte de Volar”, una obra maestra del cómic que me ha sorprendido estos días gratamente por lo intenso de su peripecia y por las cotas de intensidad a que llevan al lector Antonio Altarriba, transformando en guión la vida de su padre, y Kim haciéndola visible.
A partir de ahí, del momento en que el protagonista elude la vigilancia de la cruel residencia de ancianos en que se halla internado y se lanza a volar, cada planta que recorremos con el suicida en su caída supone la memoria de un tiempo concreto de su existencia. Y vislumbramos en sentido descendente, con el tiempo ralentizado hasta adecuarlo al ritmo de la memoria, una historia callada, silenciosa, sin grandes acontecimientos ni asomo de epopeya. Asistimos a una vida que se antoja reflejo y síntesis de la de miles de personas que compartieron tiempo y peripecias.
En ella se entrecruzan otras personas que entran y salen (como en El Túnel de Sábato), que ofrecen y que niegan, que acorporan y acompañan o que restan fuerza y dan resabio verde. Personajes en que cristalizan nuestros amigos de infancia como ejemplo de lo soñado entonces y personajes que recuerdan a alguno de esos maestros que, cuando era pequeño, repartían mala baba queriendo hacernos creer que la crueldad en que se recreaban era en realidad ejemplo de prudencia y sabiduría destilada por los años.
Vuela la historia a cada página que pasa y nos hace acelerar como un cuerpo que contempla lo inminente de la caída. Y tomamos tierra de la mano de un guión que dosifica con sabiduría cuanto narra, trufando sorpresas agradables y asomos de futuro en la grisura doliente de la guerra y de la época. Y en medio de ese rasante que elude la amabilidad sin caer en lo desagradable, aparecen brillando muy de cuando en cuando, como joyas preciosas, destellos de metáfora y de invención que hacen que, lo que percibimos de manera casi secundaria, lo que subyace soterrado en los comportamientos de los personajes, cobre línea y forma para explicar la realidad como sólo saben hacerlo la poesía, lo ficticio y lo inventado.
El dibujo térreo que adopta Kim para dar carne y ambiente al proyecto funciona así como doblemente efectivo, utilizando el símbolo para interpelarnos vivamente en la interpretación de lo que vemos, para sacudirnos una imposible modorra y para hacernos aún más conscientes de que lo oscuro no es sólo negrura, sino profundidad en la que es necesario penetrar.
Y pese a toda esta dosis de aspereza, late en el fondo de la obra el gusto por la vida y, sobre todo, una profunda convicción de que el sufrimiento no es algo necesario e inamovible, al menos ente las personas que, como nudos, conformamos la misma red. Una certeza de que existe la posibilidad de hacer que amables pajaritas de papel de regalo vuelen igual que aviones, tintadas únicamente por nuestra intención de hacer un entorno más colorido, ligero, comprometido y solidario.
El Arte de Volar. Antonio Altarriba y Kim. Edicions de Ponent. Alicante, 2010.
lunes, 24 de enero de 2011
El viaje.

jueves, 20 de enero de 2011
Pregunta número 5
lunes, 17 de enero de 2011
Rebajas

miércoles, 12 de enero de 2011
Esta ronda va de nuestra cuenta
Comenzaré hoy haciendo un poco de historia pequeña: hace alrededor de un año, comentamos en esta Balda del Arte una exposición en un lugar atípico. Intentando, como lo hacemos siempre, que el arte no sea algo ajeno a nuestros mundos particulares, sino una posibilidad de enriquecer y ampliar horizontes en nuestra casa, aplaudíamos la iniciativa que el pub La Beltraneja de Úbeda tomaba: utilizar las paredes del local para algo más que envolver personas con copa en la mano.
La idea, desde luego, me parecía interesante. Y me gustaba imaginar grupos de amigos en los que alguien, en mitad de una conversación a punto de naufragar por el embate fuerte de la música o la marejada bramante del resto de las voces, lanzaban su vista alrededor y, como quien arroja un cabo a puerto, anclaba por un momento su mirada en el mapa de un cuadro que, como una sirena, lo encantaba por un instante.
Y luego, ya de vuelta, esa experiencia haría virar la conversación hacia otra costa, cambiaría el rumbo empujada por el viento de un hombro de grafito, o por la irreverencia blanca de una virgen con ratón. Y aunque hay quien piensa sobre estas propuestas que quizá el sitio no es el más adecuado, es justo eso lo que, precisamente por parecer tan a contracorriente, siempre me resultó más atractivo.
Quizá sea entonces por recoger el guante de esa objeción y responder aún con más empeño en la defensa de la necesidad de impregnarlo todo con la espuma del arte y la intención, por lo que hemos montado la exposición de que hoy quiero hablaros brevemente.
Y digo hemos, porque está hecha a cuatro manos, o a dos voces, que no son otras que las que ahora mismo andamos por este espacio de las ondas.
Los fieles a esta cita ya sabrán que suele comenzar con una Historia Introductoria que Luis Foronda inventa para engrosar los anaqueles de esta Librería. Y los muy fieles conocen también el blog que, desde hace dos años, acompaña y complementa este programa. En él, desde su comienzo, compartimos proyecto él y quien escribe esto, ampliando el relato que viaja por el aire con una imagen que lo hace por los píxels.
Esos cuentos nacen con fuerte vocación de brevedad, acuciados por las condiciones del medio. Y así lo hacen también los dibujos que las acompañan, en un juego que, semana tras semana, nos mantiene expectantes, ilusionados, y en forma, con los reflejos alerta, descubriendo cada día más historias alrededor, y más detalles que se convierten en trazo para construir otras realidades que, lejos de ser verdaderas, resultan por ello espoleadoras para el lector de imágenes y textos –que las dos cosas se pueden y se deben leer-.
Así que permitidnos comenzar este año con una invitación a lo que es nuestra fiesta: un lugar que colonizar, también, para el arte y la lectura. Os invitamos a pasar por La Beltraneja y a paladear Wisky doble y otros relatos verticales, once obras que pueden embarcaros, entre sorbo y sorbo, en otros mares de tipo y tinta con los que conocer horizontes distintos.
Nono Granero
domingo, 9 de enero de 2011
Baltasar
