lunes, 28 de febrero de 2011

La Revolución.

Oyó en la radio: “Ha estallado la revolución” y temiendo que vinieran a por él, echó a correr. Corrió y corrió, sin descanso, corrió y corrió durante toda la noche y corrió y corrió todo el día siguiente. A la caída de la tarde se encontró con otro hombre que venía de frente, corriendo hacia él. Al llegar uno junto al otro, detuvieron su carrera. "¿Por qué corres?" - Se preguntaron.
-“Yo porque ha estallado la revolución” –dijo el primero.
-“Yo porque ha fracasado la revolución, lo ha dicho la radio” - contestó el segundo.
Los dos hombres se miraron recelosos y cada cual pensó que el otro mentía. Así que, sin decir nada más y sin rumbo fijo, corrieron juntos.
Luis Foronda.- Dibujo de Nono Granero.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Pregunta número 7

video
Esta cuestión, eterna, tiene sin embargo una doble lectura. A mí me inquieta. ¿Somos lo que hacemos cuando lo hacemos, únicamente?
Pero ya me explayo demasiado y no es ésa mi intención. Lo dejo a él, que ya se explica por sí solo e igual quiere decir otra cosa...; vosotros/as veréis.
RWM 1.015 y Nono Granero

domingo, 20 de febrero de 2011

Paseo espacial.

Siempre fui un adelantado: Aunque el profesor dijera que tardaríamos siglos en llegar a Marte, yo, con quince años, ya me había visitado hasta el último rincón de la vía láctea. Cuando dejé de conducir manualmente mi nave espacial, puse el piloto automático, me perdí en la constelación de virgo, caí en cien agujeros negros y al final salí de ellos con un cero en ciencias tan grande como el universo.

Luis Foronda. Dibujo de Nono Granero.

viernes, 18 de febrero de 2011

"You´ve got a friend". CAROLE KING

Ernesto Vela nos ha traído esta semana a una de nuestras cantantes de cabecera: Carole King. La canción elegida es un clásico en su carrera y uno de los himnos a la amistad más hermosos que se han compuesto jamás: "You´ve got a friend" (Tienes un amigo). Aquí está ella, cantando en directo, y con la letra subtitulada en español.

jueves, 17 de febrero de 2011

Tortilla rellena por dentro y por fuera

Se necesita una tortilla de patatas, con o sin cebolla, según tu gusto, en mi caso es con. Nos viene muy bien las que venden ya cocinadas, por su bajo coste y rapidez para esta receta. En el fondo del frigorífico encontré unos pimientos verdes fritos y una lata de pimientos de piquillo. Abrí los pimientos rojos y los calenté junto con los pimientos verdes en una sartén. La tortilla la corté por la mitad, como se corta el pan para bocadillo, con un cuchillo jamonero. Con esta misma herramienta corté un poco de jamón finamente. La tortilla partida la rellené con los pimientos verdes y rojos, la introduje en el microondas unos dos minutos y cuando la saqué la cubrí con el jamón para que se fundiera el tocinillo y se mezclaran los aromas y los sabores. Y ahora no me digáis que no es FRISA ( fácil, rápida, imaginativa, sensorial y asequible). El relleno puede variar según lo que tengas en el fondo de frigorífico, que actúa en las recetas como el fondo de armario. (atún, gambas, calabaza frita, berenjena, tomate frito o no, ...

Pastel de morro

2 caretas (sin orejas, por lo de las ternillas) y 2 lenguas de cerdo.

Afeitar en su caso la careta del cerdo, si le quedan pelillos y hace honor a su nombre y lavar toda la carne.

Poner en una olla a presión con un diente de ajo aplastado, hoja de laurel, orégano, pimienta en grano y sal. Cocer durante una hora y media. (Dejar enfriar)

En un molde forrado por dentro de papel de plástico (para facilitar el desmoldado) echar la carne a trozos con pistachos pelados o/y pipas de calabaza, pimienta roja, níscalos en salsa u otras setas, tiras de manzana asada o/y naranja confitada… se cubre con el papel de plástico

Ponerle peso(brik de leche) y colocar en el frigorífico para que se produzca el milagro de la solidificación. Servir en lonchas (como en la foto) con una ensalada verde, a la que se le puede añadir trocitos de manzana verde y granos de graná.

martes, 15 de febrero de 2011

La cocina FRISA de javier Gordillo García

Qué es la COCINA FRISA

Cuándo me proponen en Radio Úbeda participar en el programa de radio La Librería, decido hacer una cocina que reúna una serie de características, que en definitiva, son las que presiden mi labor culinaria de cada día:

F: Fácil

R: Rápida

I: Imaginativa

S: Sensorial

A: Asequible

Y con el acróstico de estas ya tengo nombre para mi cocina.

lunes, 14 de febrero de 2011

Esa centella minúscula

Víctor Emerick tenía por fin todas las piezas del rompecabezas dispuestas sobre la mesa de su siniestro laboratorio: Había reunido lo mejor de las diecinueve mujeres que amó y a las que abandonó porque no eran perfectas. Después de diecinueve fracasos y convencido de la imposibilidad de su propósito, decidió fabricársela. A la cabeza de Aurelia, colocó el cabello de Albinka, los ojos de Elka, el cuerpo de Elzbieta, los pies de Gizela, las manos de Halinka y el corazón de Margisia, del resto sacó la piel, las uñas, la peca en el mentón y el lunar en el cuello. A puntadas de aguja alucinada fue uniendo los pedazos de aquellas mujeres, costuras invisibles, la seda sobre el mármol, perfecto. Para darle vida invocó sobre su cabeza mil tormentas que llegaron con sus rayos y con sus truenos, que barrieron el cuerpo de la criatura con mil electrocuciones sin resultado. Fallaron también las inyecciones, las transfusiones, las infusiones que había previsto en caso de urgencia. Suplicó desesperado a los cielos un pequeño resplandor, un mísero chispazo, esa centella minúscula que la reviviera. Mucho más tarde, derrotado y desecho, cerró los ojos y se quedó dormido. Soñó deslumbramientos de cuchillo.
Cuando llegó la policía encontró a Víctor Emerick muerto. Tenía diecinueve fracasos clavados en su cuerpo. El fracaso número veinte había huido. ________________________
Luis Foronda.-
Dibujo de Nono Granero.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Pregunta número 6

video
No sé muy bien qué querrá decir este robot, que, a veces, parece con un cortocircuito intencionado...
Pero, en fin: aquí la lanzo, como al resto.
RMW-1.015 y Nono Granero

lunes, 7 de febrero de 2011

Blanca y radiante.


Al final te casaste. De blanco y por la iglesia. Hace tres meses vi por primera vez la fotografía en el escaparate de la tienda. Sonreías en ella generosamente, radiante, espléndida, tomabas la mano de tu marido, mano que él, a tu lado, dejaba caer sobre tu hombro, en un gesto de impostada camaradería, de derroche un poco chulesco. De pie, con un fondo de hiedra, mirabais al frente y tú sonreías, a mí, estoy seguro, retándome desde el desquite, invitándome a adivinar el grado de tu felicidad. En aquel momento no lo supe y durante este tiempo, cada tarde, he intentado averiguarlo, en una prueba de fustigación malsana, parándome delante del escaparate a mirar la fotografía. Lo que son las cosas: Al final de la primera semana tu sonrisa ya me pareció ligeramente menor, más somera y noté entonces que tu mano y la de tu marido no se apretaban con tanto interés. Pensé entonces que era un efecto óptico, que la luz del ocaso, tan tramposa, creaba falsas perspectivas. Sin embargo, en las semanas posteriores las sombras de la tarde han ido torciendo tu gesto y apagando el brillo de tus ojos. O eso creo. Ahora tu sonrisa es una brevísima raya, lápiz de reparación, silencio. A veces tuerces la vista y no aguantas mi mirada. Si yo la aguzo un poco, adivino ya una hebra de ausencia entre vuestras manos.

Hoy el hombre de la tienda ha retirado por fin la foto del escaparate.
Es el momento justo de volver a llamarte. ______________________________________________________________________________ Luis Foronda. Dibujo de Nono Granero.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Estampa en primera persona (Recordando a Domingo Molina)

Frías, oscuras las tardes, muy calladas. Escaleras de piedra y salas con eco. Retumban los pasos y las risas escasas y todo aparece con la seriedad de lo trascendente. Hay pocas personas y todas escapan de la norma, no sólo por el motivo que las hacer reunirse allí, sino por el aspecto o la manera de mirar tan particular que comparten. Una chica muda con los ojos muy grandes demuestra que habiendo manos no hacen falta palabras. Un hombre mayor, de aspecto adusto y atemorizador, esconde un brazo pequeño mientras compensa con creces la merma haciendo alarde de habilidad con el otro. Un adolescente grande, que se ríe con la boca floja y los ojos algo al aire, fija sobre el papel lo que uno cree inalcanzable. Y entre ellos circulan, a ratos muy serios, a ratos con la curiosidad divertida de los niños, dos criaturas pequeñas que todo lo observan de lejos, sin atreverse demasiado a molestar a quienes parecen modelos a imitar, a quienes marcan el camino de la pericia que aún hay que recorrer.

Entre estos seres, en esa atmósfera de vaho húmedo que arrojan las farolas anaranjadas, y moviéndose en la débil luz de un patio al que se asoman curiosas algunas gárgolas renegridas, cruzan como sombras profesores nervudos. Ellos son aún más inalcanzables que las cámaras altas de las torres a las que, de vez en cuando, puede subirse con escaleras de palos. Y aún más inalcanzable es el atisbo de lo que cuecen sus mentes, de cómo trabajan sus manos, de cuál es la defensa que hacen de ese arte del que hablan pero que rara vez vemos aparecer completo, del que sólo alcanzamos a percibir un breve destello en la corrección precisa que tacha nuestros intentos.

Pero no todos son así. Desde nuestra escasa altura, mirando de reojo, como asistiendo al desnudo de una vecina invitada en casa que no repara en nosotros, y frente a la que aparentamos indiferencia para sujetar nuestra avidez, vemos trabajar a un maestro. Coloca cinta de carrocero –de pintor también la llaman, aunque la usen los de brocha gorda y eso lo haga parecer casi un sacrilegio, una ruptura desafiante de esa convención no escrita pero asentada desde siempre en nuestras conciencias-, para ir reservando el color de lo ya realizado sólo en ciertas partes. Hay sobre el caballete un globo aerostático o dos, y espacio reservado para algunas letras. Azules oscuros, azules claros. De espaldas, con paciencia milimétrica avanza la obra que, y esto también parece magia o novedad, no tiene motivo, apunte o referencia a la vista.

En un momento dado, el artista-maestro de pelo blanco, al que casi no hemos visto la cara, abandona el trabajo sin darle mayor importancia, sin buscar una mirada de complacencia o de refuerzo que sostenga lo que ha hecho, y sale de la habitación sin asomo de arrebato febril, de frenesí creativa o de locura de genio. Sale de la habitación sin más.

Meses después encontraríamos esa obra reproducida cien veces, anunciando desde los escaparates de la ciudad la Feria de ese año. Y lo que parecía entonces misterio se convertía ahora en potencia abierta, en utilidad y finalidad de un arte que todo el mundo podía compartir. Y en el mundo monótono de la cartelería se abría de pronto una ventana diferente, una grieta en la habitual propuesta de barroco doloroso o de figura y edificio de piedra sostenidos por los años.

Y luego, ya más grande, en la Farmacia, en la Caja de Ahorros, en cualquier rincón de la ciudad, podía uno volver a encontrarse abiertamente con obras que continuaban hablando de esa otra posibilidad de lenguaje que tanto costaba encontrar alrededor y que el autor se empeñaba en sembrar por los lugares más comunes, como un antídoto contra la repetición estética que todo lo envolvía.

Así sembraba calladamente Domingo Molina, quizá sin saberlo apenas, marcando las cartas de mi interés y de mi futuro sólo con su obra y su actitud de búsqueda constante, de elusión de la complacencia, de interés por estructuras híbridas que fuesen más allá de lo visible. Y aunque tuve en su día, no hace mucho, la oportunidad de decírselo y de conversar con él acerca de estas cosas, ahora que se ha muerto, quería volver a contarlo, quizá para recordármelo a mí mismo, mientras intento que no se me olviden las lecciones que me dio, no como el maestro que no tuve, sino como el artista que quiso y supo hacerse presente a nuestro alrededor.

Así que hoy perdonadme la digresión personal: es que el Arte, como los sentimientos y las enseñanzas, sólo se entiende en primera persona.